Hay momentos en que podemos llegar a pensar o intuir que en nuestro entorno más próximo, como familia y amigos, exista algún trastorno de este tipo. Siempre hay que adoptar una actitud comunicativa con la persona directamente y con su entorno más próximo.
Lo que no debemos hacer es intentar cambiar su comportamiento. Que sea ella quién lo haga. Es la única que puede cambiarlo. El cambio no será de la noche a la mañana.
Si eres tú quien sufre este problema intenta buscar ayuda y no encerrarte en ti misma/o.
Los profesionales sanitarios recibirán nuestra consulta y ellos nos asesorarán sobre que camino es el más correcto para una actuación eficaz.
Donde nos podrán asesorar y valorar la conveniencia de comenzar un tratamiento, es en el centro de salud, donde, si hubiera que iniciarlo, será preciso que intervengan los distintos especialistas de la salud mental como psiquiatras y psicólogos, que están preparados profesionalmente para abordar éste problema, y cuya participación en este proceso es fundamental.
Otro de los recursos valiosos que pueden ayudar tanto a las familias como a los enfermos/as son las asociaciones ciudadanas y sobre todo los grupos de ayuda mutua donde es posible compartir la experiencia de la enfermedad y aprender a encauzarla sintiéndonos apoyados